La historia del sostén

  • 0

La historia del sostén

Category : noticias

´Brassier`, sujetador o sostén: es el invento detrás (o mejor dicho delante) de nuestras poderosas razones.

En más de un siglo de historia, esta prenda ha sido alabada, quemada y reinventada, y hoy en día hay una para cada mujer, y para los hombres también. Conoce más sobre este amigo fiel.

Puede que tanto el descubrimiento de la ley de gravedad como su teorización hayan estado en manos de dos hombres, pero somos las mujeres quienes conocemos sus efectos, en carne propia y desde que existe la humanidad. Ejemplo de ello es que, bien sea por comodidad o por visionarias, las ciudadanas de la Creta antigua (2500 aC) ya contaban con artilugios para levantar sus pechos y también pasiones, mientras que las mucho más pudorosas y obedientes romanas debieron “ceñirse” a las costumbres de la época y sostener sus atributos, como una muestra de educación y civilidad.

Pero viajando aún más atrás en el calendario, existe evidencia física que desde hace al menos 600 años esta prenda íntima, tal y como la conocemos, ya estaba entre nosotros. Un grupo de arqueólogos de la Universidad de Innsbruck, en Austria, encontraron cuatro sostenes medievales—muy parecidos a los modernos—hechos de lino y algodón, entre un total de 2.700 textiles que sobrevivieron al paso del tiempo entre maderas, tierra y paja en un castillo austríaco. Hallazgo que contradice el título de este artículo, pero es que esta historia, al igual que las curvaturas femeninas, tiene un giro.

A mediados del siglo XVI esta práctica y resistente invención fue desplazada por los caprichos de Catalina de Médicis (la esposa del Rey Enrique II de Francia), quien obsesionada por los talles finos decidió instaurar la hegemonía del corsé. El cómo logró tal hazaña no es difícil de imaginar: prohibió la entrada a la Corte Real Francesa a las mujeres que no tuvieran las medidas que ella consideraba aceptables. Fue así como se institucionalizó la “tortura” de la opresión para entrar en cintura y el mercadeo hizo el resto para que se mantuviera en todo el mundo por casi 400 años.

Entre las muchas variaciones del corsé que surgieron en ese período, hubo varios modelos que se acercaron bastante a nuestra noción de sostén de hoy en día, pero finalmente fue una sola mujer quien patentó el modelo que conocemos en la actualidad. Se trata de Mary Phelps, una acomodada joven estadounidense que solventó la crisis que se le venía: quería lucir un vestido nuevo con transparencias y el antiestético corsé se lo impedía. Con la ayuda de su sirvienta francesa tomó dos pañuelos de seda, los ató con una cinta y resolvió el problema. Su diseño era cómodo y ligero, pero carecía de poder de sujeción y más bien aportaba un efecto aplanador, pero ello no impidió que todas sus amigas le encargaran uno. La demanda la animó a asegurar su creación y el 3 de noviembre de 1914 registró a su nombre el “Vaciles Brassier”, razón por la cual este año se cumplió el centenario oficial de esta prenda y gracias a la cual nuestro titular vuelve a tener sentido.

Arriba las armas
El negocio de Mary Phelps no fue tan próspero como esperaba y tuvo que vender sus derechos de patente a la “Warner Brothers Corset Company” de Bridgeport, en Connecticut, por 1.500 dólares. Afortunadamente el dinero no le hacía falta, pues de lo contrario seguramente se hubiese arrepentido de su decisión al conocer el verdadero potencial que su idea tendría en el futuro.
Lo que Mary no previó fue el efecto positivo que tuvo la Primera Guerra Mundial en la industria de la lencería. Ante la inminente amenaza, el gobierno estadounidense pidió a la población femenina que donara sus corsés para reutilizar las varillas de metal que estos contenían encargadas de constiparlas y comprimirlas.

Las patrióticas americanas respondieron a la solicitud y dos mil toneladas de acero pasaron de controlar la forma de sus cuerpos a fundiciones para armas de guerra. Esto, y el hecho de que con los hombres de familia en el frente, las mujeres tuvieron que comenzar trabajar, esto hizo que se desterraran las fajas, por resultar inviables para las jornadas laborales, y que se levantaran, desde entonces y para siempre, las ventas del sujetador.

¡Al centro y hacia adentro!
Hasta el momento todo iba en camino hacia la globalización del ´brassier`, pero en la década de los 60 su historia dio un nuevo vuelco. Sostenes quemados públicamente fueron la bandera del movimiento feminista de la época que protestaba por los derechos de la mujer así como también por la libertad sexual y la de los pezones. Sin embargo, esto no representó ninguna amenaza para la prenda, ya que apenas un año más tarde se vendería por primera vez el “sujetador maravilla”, mejor conocido como “Wonderbra”: un invento que reivindicó a las “desfavorecidas” que no contaban con muchos pechos, gracias a su diseño que levantaba y realzaba.

Luego, en 1977, se inventaron los modelos ergonómicos, también conocidos como deportivos. A finales de los 80 se incorporó el encaje elástico y en los 90, gracias a los sostenes picudos de Madonna, éstos se volvieron un ícono cultural. Desde entonces no han cesado los avances: los hay hechos de aire, agua, gel, con tiras, sin tiras, con múltiples posiciones, con aros, sin aros, con cierre adelante, atrás o sin cierre. Las categorías también se ampliaron, pues los hay para la maternidad y lactancia, para la seducción y para el uso cotidiano.

Texto de Johanna Morillo para Estética y Salud


Leave a Reply