DEPRESIÓN Y CÁNCER DE MAMA
Dra. Zhilma Sucre. Cinica El Ávila. Caracas.
Padecer cáncer o la simple sospecha de tenerlo lleva al paciente y a sus familiares a enfrentar emociones tan intensas como las que se viven cuando se confronta un duelo. Cada quien aborda la enfermedad de forma particular y de acuerdo con sus características de personalidad, estilos de afrontamiento, estrés psicosocial, intensidad y forma de manejar la ansiedad y depresión, y según el apoyo social y afectivo que reciba.
El cáncer de mama, uno de los más frecuentes, se ha estudiado extensamente. Los estudios abarcan aspectos físicos, psicológicos y factores de riesgo. Diversas investigaciones se han centrado en la relación entre depresión y cáncer de mama. Mientras algunos autores indican que no existe una relación entre la personalidad, las variables psicosociales y el cáncer de mama, otros tantos sostienen que estas si podrían conllevar al desarrollo de este tipo de cáncer. Los rasgos analizados son la represión e inhibición emocional, una menor agresividad manifiesta, los rasgos depresivos, el predominio de lo racional sobre lo emocional, la dificultad para expresar las emociones y la alteración de la imagen corporal. Igualmente, es frecuente el antecedente de pérdidas afectivas en los tres años anteriores a la aparición del cáncer mamario. Consideran además otros factores como la indefensión, la desesperanza, la pérdida del rol central y del apoyo social y una relación insatisfactoria con la madre desde temprana edad.
La depresión es frecuente en los pacientes con cáncer, observándose que el trastorno de adaptación con estado de ánimo depresivo, ansioso o mixto, es el diagnóstico más frecuente, seguido por la depresión profunda (Derogatis y colaboradores, 1983). En estadios avanzados de la enfermedad el dolor que experimenta la persona aunado a una historia previa de depresión, harán que el médico considere tratamiento farmacológico junto con apoyo psicoterapéutico. En la escogencia del fármaco, el médico debe considerar las posibles interacciones medicamentosas; los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, el bupropion y la mirtazapina son opciones a evaluar.
Generalmente, la ansiedad emerge en forma muy intensa mientras se espera por el diagnóstico y/o el resultado de la biopsia, antes de someterse a procedimientos difíciles o dolorosos (quimioterapia, radioterapia, cirugía) o cuando se retiran los narcóticos, barbitúricos y benzodiacepinas.
Se ha comprobado que los pacientes que reciben información por parte de su médico, muestran una mejor adaptación social a largo plazo dependiendo del contenido de la información y del cómo y cuando se emita la misma. Por ello, el rol del médico es fundamental. El debe dar información acerca del diagnóstico, las características clínicas del cáncer, los procedimientos diagnósticos y tratamiento, explicando las razones para su aplicación, los beneficios que se esperan y los efectos colaterales que pudieran ocurrir. De igual importancia se considera la conducción médica para minimizar los síntomas adversos de la enfermedad y tratamiento.
Tanto como el paciente, la familia requiere atención. Cada uno de sus integrantes necesita apoyo para asumir sus tareas y desempeñar un rol activo en el cuido físico y emocional de la paciente. Es necesario que mantengan un equilibrio, enfrentando sus propios temores frente a la muerte y ayudando a mantener la dinámica familiar dentro de la mayor normalidad. Igualmente, la calidad del soporte de la pareja de la paciente es un factor crítico para el bienestar psicológico de ella y para que se logre la menor alteración posible en la comunicación, la afectividad y la sexualidad.
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